A contrapelo de la oleada neoliberal
lunes, 20 de febrero de 2012
La mayoría de los 5,5
millones de habitantes que tiene el país se inclinó
por la unidad de socialdemócratas, socialistas populares,
verdes, comunistas y liberales radicales después de diez
años ininterrumpidos de gobiernos de derecha.
Por Gustavo Veiga
Si hay una palabra que define el
estado de ánimo de los dinamarqueses es la Hygge. En la
lengua de Andersen significa "tener una profunda sensación
de bienestar". A contrapelo de lo que sucede en la mayoría
de los países de Europa, este pueblo escandinavo le
confió la custodia de su prosperidad a una alianza de
centroizquierda.
Una mujer, la
socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt, gobierna desde
septiembre pasado y en apenas seis meses ha recorrido un largo
camino: asumió la presidencia rotativa de la UE,
visitó a las tropas danesas apostadas en Afganistán y
el próximo viernes 24 se reunirá con Barack Obama en
la Casa Blanca. Rubia, alta, refinada, es una de los dos mujeres
que manejan el país: la otra es la reina Margarita II.
En Dinamarca ya no es tema
omnipresente de la agenda política la dura política
antiinmigratoria. Ahora importa la situación
económica y una de sus consecuencias palpables: el aumento
de la desocupación, aunque mínimo comparado con
naciones como España (23 por ciento) o Inglaterra (22 por
ciento).
La mayoría de los 5,5
millones de habitantes que tiene el país se inclinó
por la unidad de socialdemócratas, socialistas populares,
verdes, comunistas y liberales radicales después de diez
años ininterrumpidos de gobiernos dominados por la derecha,
con impronta xenófoba.
Esta corriente continúa
expandiéndose por el viejo continente, pero en Dinamarca le
pusieron el freno de mano. El 29 de enero, la primera ministra
afirmó: "Necesitamos crecimiento en Europa. Una de las
formas de lograrlo es reanimando el mercado único. Debemos
centrarnos en cómo crear nuevos trabajos y lograr lo que ha
sido uno de los grandes éxitos de nuestra Unión:
renovar nuestro mercado interno". Un discurso que prendió
hace tiempo en Latinoamérica.
Aunque ganó por un apretado
margen (50,3 a 48,9 por ciento), y su partido no es la primera
minoría, Thorning-Schmidt se las ingenió para
cautivar al electorado. Hubo una serie de razones que explican su
victoria en una Europa de otro orden: la derecha saturó con
la política que azuzó la idea de una oleada de
inmigrantes (sólo el 4 por ciento de la población es
de origen extranjero) y las cuentas del Estado no eran un modelo
para recortar y guardar. Algunos analistas agregan un dato
más: que el criminal noruego Anders Behring Breivik, el
mismo nazi que asesinó el 22 de julio de 2011 a 77 personas,
fue piantavotos para el Partido del Pueblo Danés, de
ultraderecha, que gobernó durante diez años aliado
con conservadores y liberales.
El atentado de repercusión
mundial ocurrió casi dos meses antes de los comicios en la
vecina Noruega. Por ese motivo, no parece descabellado este
dato.
Como fuere, la coalición de
centroizquierda ganó en la elección más masiva
que se recuerde, obtuvo mayoría parlamentaria en el
Folketing (Congreso) con la ayuda de tres diputados de los
territorios autónomos de Groenlandia e Islas Faroe y su
primera ministra se dio el gusto de pronunciar una frase que
hubiera sido más creíble en boca de un comunero
francés: "Nos despedimos de diez años de poder
burgués".
Sus detractores, incluso los de su
propio partido, solían llamar a Thorning-Schmidt "Gucci
Helle", por su inclinación a ataviarse con ropa de alta
costura y lucir accesorios lujosos. Un comentario pour la galerie
que ni siquiera tomó en cuenta el electorado. En Dinamarca
la gente tiene mucho sentido del humor, es franca y abierta, y
parece no guiarse por las apariencias.
Incluso, puede votar a favor de que
se aumenten los impuestos, como sucedió en septiembre. La
razón es unívoca: sabe que el dinero vuelve invertido
en el estado de bienestar que caracteriza a las sociedades
escandinavas.
El gobierno planea subirles
más los impuestos a los ricos. La primera ministra
entendió de qué se trataba la actual coyuntura. Tres
cuartas partes de los dinamarqueses ubicaban en primer lugar las
dificultades económicas en vísperas de las
elecciones. Una de ellas, la desocupación entre los
jóvenes, que ronda el 10 por ciento. Un porcentaje
altísimo para un país de la región más
próspera de Europa.
Thorning-Schmidt está casada
con Stephen Kinnock, director del Foro Económico Mundial. Su
padre, Neal, fue un líder de los laboristas
británicos. Tiene dos hijas con él, Johanna, de 14
años, y Camilla, de 11. Pero ella vive en Copenhague y
él en Davos, Suiza, producto de sus diferentes ocupaciones.
El gobierno danés los investigó por presunto fraude
fiscal, ya que habían declarado distinto respecto de
dónde residía la pareja.
La ahora primera ministra
afirmó que Kinnock vivía parte de su tiempo en
Dinamarca y el inglés que no. Todo terminó con la
absolución del matrimonio en 2010 por la confesión
del error que lo dejaba expuesto a las sospechas de evasión.
Tampoco esta cuestión hizo mella en la carrera ascendente de
Helle, quien tiene una maestría en Ciencias Políticas
por la Universidad de Copenhague y antes de llegar al gobierno fue
eurodiputada.
A la primera mujer que gobierna en
nombre de la izquierda, la espera Obama el próximo viernes
para conversar sobre la deuda de los países europeos en
crisis, el remanido papel de la OTAN y la intervención
danesa desplegada en Afganistán y Libia. El presidente de
Estados Unidos sabrá agradecerle la presencia de los 750
efectivos apostados en tierras del talibán que ella misma
visitó en enero pasado.
Fuente: Pag12
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